Lo que los caballos me enseñan

Cuantas veces habremos podido oír la frase “ mi caballo me la juega”, o “mi caballo no me hace ni caso” o incluso “mi caballo es malísimo”. Todas estas frases llevan consigo un problema de base, y es que nos tomamos la actitud del caballo como algo personal, nos creemos que lo hace por querer demostrar quién manda, o por venganza o rencor, sentimientos que no existen en ellos. Es fácil poder caer en el error de humanizar los actos que el caballo tiene hacia nosotros, porque nosotros como especie funcionamos y actuamos de manera distinta; es como nosotros vemos y entendemos el mundo. A veces es difícil simplificar los hechos y no caer en la “tentación” de culpar al caballo por su actitud, más cuando te encuentras en medio de esa situación y tu paciencia se desvaneció hace tiempo. En este caso lo mejor es dejar lo que estábamos haciendo, devolver al caballo a su sitio e intentarlo otro día, cuando hayamos aprendido a gestionar nuestras emociones y no alterarnos frente a él, ya que lo único que conseguiremos es estresarlo más arriesgándonos ambos a sufrir una lesión.

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“Practicar actividades basadas en potenciar la conciencia plena, la capacidad de conectar con el presente, nos ayudarán a canalizar mejor nuestras emociones.” Foto: Libertad y yoga/freedom and yoga

Sin embargo, el caballo no tiene la culpa, pues en el fondo a él ya de por sí le estamos obligando a llevar una vida totalmente contraria para lo que fue diseñado por la naturaleza, por tanto, nos corresponde a nosotros como causantes de alterar el orden natural, empatizar con él y tratar de entender qué nos esta queriendo transmitir. La mayoría de las veces las causas de un comportamiento indeseado (y digo indeseado porque nosotros buscamos que se comporte de una determinada manera, sin embargo, para el caballo, su actitud es totalmente adecuada a su situación, no entiende actuar de manera distinta, según él, siempre tiene la razón) vienen de dolencias y mal estar físico.

Si hay algo que estar de voluntaria en un santuario de caballos me ha enseñado es la importancia de llevar al día los chequeos veterinarios, podales y dentales para evitar incluso comportamientos agresivos entre miembros de un grupo. Por tanto, algo que en principio pudiera parecer de sentido común, luego en la práctica ves que no se aplica y la mayoría de las veces queremos construir la casa por el tejado. Cuando te haces responsable de una vida, es nuestro deber que ellos estén sanos y creo que en estos casos los costes que supongan llevar a cabo estos chequeos se quedan en un segundo plano. Como miembro de nuestra familia, es nuestro deber cuidarlo y protegerlo empezando por su salud física.

Carla Manso de http://www.vetodontoequina.com/ ha donado su tiempo y trabajo ayudando en lo que mejor sabe hacer… Las bocas de 10 de los habitantes del Santuario Winston (Suscríbete al Canal de Youtube para seguir el día a día de la labor del santuario).

Con esto no quiero decir que la salud psicológica sea menos importante, todo lo contrario. Si el caballo vive en una situación de estrés y ansiedad constante a la larga ésto repercutirá en la física, pues ellos como cualquier ser vivo, funcionan en conjunto y todo esta conectado.  Por eso es de vital importancia proporcionarle una vida de calidad cumpliendo con lo fundamental:

  • Una vida en libertad  que les permita movimiento las 24h del día;
  • La convivencia en manada/grupo, donde se puedan relacionar con miembros de su misma especie;
  • Una alimentación lo más natural posible, basada principalmente en heno, evitando los piensos;
  • Según mi experiencia, soy partidaria de mantener a los caballos sin herraduras: convivo con caballos descalzos prácticamente a diario y puedo garantizar que mantenerlos así es posible (siempre consultándolo con un experto podólogo);
  • Proporcionales refugios para que se puedan proteger en los casos en que ellos lo vean necesario; a veces creemos que es para que se protejan de la lluvia, pero su pelo, si no se lo hemos esquilado, o cepillado ni lavado (evitando eliminarle la grasa que lo protege del frío y la humedad, impermeabilizando su cuerpo) evitará que se mojen. Ellos son conscientes de ésto, por eso los puedes ver más despreocupados en invierno, al contrario de lo que ocurre con las fuertes temperaturas en verano, cuando suelen buscar constantemente la sombra y los lugares con corriente para soportar el calor.
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Caballos totalmente aclimatados a las frías temperaturas de la sierra de Gredros. Los caballos que llegan nuevos suelen necesitar un período de adaptación para aclimatarse por vivir en condiciones muy diversas.

Cuando un caballo cuenta con una situación lo más próxima posible a como sería en su vida natural, estamos evitando que surjan infinidad de problemas, alargando además su esperanza de vida y manteniendo alejadas las enfermedades. El caballo doméstico conserva la misma genética del caballo salvaje tanto a nivel físico como psicológico, por tanto, si queremos empezar con buen pié a la hora de establecer una verdadera relación de amistad con él, tendremos que crear el entorno óptimo para que se sienta cómodo y esté dispuesto a cooperar con nosotros.

Daniela Cerquetti

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